De esos momentos que…

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Cómo hay momentos que parecen equis cuando están sucediendo y pasados los años se convierten en tus favoritos, no?

Hace años, exactamente 13 (Oh, my God!) estudiábamos en el Tec de Monterrey, Campus Estado de México. Como éramos unos obsesionados del teatro, decidíamos no tener vacaciones para trabajar en un campamento para niños llamado Microcamp montando musicales con ellos.

Mi primer Microcamp fue horrible porque no me integré a tiempo, lo odié. Pero los siguientes fueron de las mejores experiencias que he tenido en la vida. Recuerdo cómo me divertí, cuánto me reí y quisiera volverlo a vivir muchas veces más. Fui muy afortunado porque aparte de todo lo compartí con mis mejores amigos: Juanita, Beto, Pancho, Geli, con amigos de toda la vida, con amigos del teatro, e hice mucho nuevos amigos entrañables.

Mi parte favorita de todo el campamento era grabar las canciones de los musicales. Hubo una en especial que me hace sentir sumamente orgulloso y que recuerdo como uno de los mejores momentos de la vida.

Estábamos montando una adaptación de El Mago de Oz y, en ese entonces no había un musical de gran formato del libro que pudiéramos usar para tener muchos números grupales. Terminamos haciendo una ensalada de musicales adaptados a nuestro antojo.

La rola que pongo aquí abajo se llama “Ain’t it Good?”de Children of Eden, del gran Stephen Schwartz. La historia de la grabación es lo peculiar.

Grabamos en una recámara en la que, por alguna razón, aparte de un matrimonio, habitaba un estudio de grabación. Era de Rubén Peralta, un gran amante de los musicales, quien nos dio mil oportunidades de conocer el teatro, su música y de conocerlos bien. Al frente de la dirección vocal, una de las personas que me enseñó la magia de la música: Analy. Los que la conocen saben que escuchar a esa mujer cantar es mágico. Pero trabajar con ella, montar voces con ella es aún mejor, es una experiencia “religiosa”.

Analy se iba de viaje y tenía que irse al aeropuerto en menos de 1 hora. Para los que no saben, para grabar la voz principal y los coros de esa canción se necesitarían unos 15 cantantes y quién sabe cuántas tomas. Nosotros éramos Analy, mis amigas del alma Andrea y Pamela, y yo. Ninguno de los 4 había cantado esa canción antes. Analy la montó en el musical y nosotros la habíamos escuchado en funciones, pero nunca la habíamos cantado. Aparte de todo, era una nueva letra, una que yo había adaptado para esa obra en particular. O sea, menos la conocíamos.

Y ahí empezó la magia…

Subimos a grabar. Analy grabó la voz principal en 1 toma, en una… No lo podíamos creer. Y cuando ustedes escuchen la ejecución vocal de esta mujer, tampoco van a poder creer que fue en una sola toma. Sin autotune (afinador), sin repetir detallitos, nada. Sin conocer la letra.

Analy había sacado su varita mágica y había hechizado el lugar. Después, nos roció de polvos mágicos. Sí, a los 3 chavitos, amateurs, a los que les gustaba cantar, los que no habían tomado clases. Nos dijo: vamos a grabar.

Le dimos una o dos pasadas sobre la música. No parando a montar un cachito y otro cachito, no. Corrió toda la canción sin pausas dos veces, nos montó una voz a todos y nos miró diciendo: la tienen? Asustados, los tres dijimos que sí.

Comenzaron a grabar y con mucho miedo, terminamos.

Analy: “Quedó. Vamos por la siguiente.”

¿Qué? ¿Quedó? ¿Cuál siguiente? Nos tarareó cómo era la siguiente armonía, y la pasamos una vez.

Grabando.

“Quédo. La siguiente.”

Y ya no recuerdo si hicimos una o dos más. Ahí mis amigos expertos musicales, descífrenlo. Mínimo fueron 3. Nos tardamos 15 minutos. Estábamos perplejos. No lo podíamos creer. Terminamos. Analy guardó su varita mágica y se fue al aeropuerto.

Tal vez no es una cosa espectacular, evidentemente es una grabación sencilla, pero hasta el día de hoy escucho esta canción y me trae mil emociones y recuerdos. Recuerdo la emoción de ese chavito de ver a esa mujer cantar, la emoción del chavito al ver a esa mágica mujer montar voces, la emoción del chavito al verse cantando con sus amigas y, de alguna manera, haciéndolo bien. Recuerdo la felicidad de escuchar la versión final, recuerdo el Microcamp, recuerdo el Tec, recuerdo a mis amigos, recuerdo esa hermosa época de mi vida.

Espero que, con ese poquito de historia, les sepa rica la canción.

Gracias Analy. Gracias por tu magia. Gracias por toda la música que me has regalado. Gracias Pamela y Andrea por compartir esta experiencia tan hermosa. Gracias Rubén.

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2 thoughts on “De esos momentos que…

  1. Huuuuuum, hoy yo vengo, a contarles que si se quieren divertiiiir, pronto a ver al Mago hay que iiiiir. Porque él tiene las respuestas y te puede hacer reír. Pronto a ver al Mago, hay que ir.

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