#NotaMental: Cosas que puedo aprender de Disney

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Amo leer, amo ver la TV, amo ir al cine. Son de mis placeres más profundos. Me encanta transportarme a universos paralelos. Pero no solo es el hecho de presenciarlos, me gusta imaginar cómo sería mi vida si existiera en ellos, cómo sería mi interacción con esos personajes, en esa época, etc. Y otra parte que me fascina es preguntarme cómo se gestó ese proyecto: cómo llegó la inspiración para ese libro, dónde lo escribía el autor (en su casa, en una oficina, en un café), si se lo daba a leer a alguien o si simplemente un día llegó con el manuscrito a la oficina de su editor. En el caso de la TV y el cine, me encanta conocer más del “Behind the Scenes”. Cómo fue el proceso de casting, en dónde lo filmaron, durante cuánto tiempo y cosas por el estilo. Y la otra parte que me encanta conocer es el aspecto de los negocios que van detrás de estas formas de entretenimiento. El business side del show business. Podría parecer que es algo totalmente ajeno a mi, que se trata de cifras millonarias, transacciones internacionales, pero muchas veces encuentro qué podría aprender de esa información.

Hoy les quiero platicar de Disney. No proclamo ser un experto en la materia, by the way, este es mi análisis personal. La información que tengo la puedes encontrar por todo el internet. Hace unos años, Disney empezó a tener una crisis interna, no tanto en el lado del negocio sino en los contenidos, que, finalmente, terminan impactando al negocio. Todo comenzó cuando se dieron cuenta que a los niños (hombrecitos, varoncitos) ya no les gustaban las películas de Disney. Las veían cuando eran muy chavitos, pero después les llamaba la atención otro tipo de contenido por lo que dejaban de ser clientes frecuentes. Entonces, empezaron a actuar.

#NotaMental 1: Es importante hacer un análisis objetivo de cómo te está yendo, aunque sea de vez en cuando.

#NotaMental 2: En cuanto detectes algún problema, piensa cómo podrías solucionarlo.

El primer intento por cambiar esto fue crear el canal Disney 😄 dirigido a niños de 6 a 14 años. La misma estrategia llevó a Disney a comprar Marvel en 2009 por una enorme cantidad de dinero, la cual es minúscula comparada con lo que han ganado y ganarán con ella.

#NotaMental 3: Aunque te cueste mucho al principio, siempre es bueno invertir (no necesariamente dinero) en algo que a la larga sepas que te va a traer buenos resultados, según tu análisis.

Más tarde, le cambiaron el nombre a Rapunzel, para que los niños no pensaran que era una película de “princesas”, cosa que sí era, en fin, le pusieron “Enredados”. Buscando más chavitos produjeron “Tron” y el mega fracaso “John Carter”. Aquí una nota aparte, referente a esta última película.

*En 2009 nombraron a un ejecutivo de Disney Channel como Director de Walt Disney Studios. El señor venía de tener mucho éxito en Disney Channel con High School Musical, Hannah Montana, Camp Rock, etc. Cuando llega a Walt Disney Studios tiene algunos éxitos muy fuertes como Piratas del Caribe 4, Alicia en el País de las Maravillas y Toy Story 3.

Bueno, pues a este señor le iba muy bien hasta que tuvo dos enormes fracasos: una película llamada “Marte necesita mamás” la cual trataba (según entiendo, no la vi) de marcianos que secuestraban mamás, cosa que aterrorizó a los niños e hizo que a nadie le gustara, y la otra, John Carter, una mega película que fracasó en todos los mercados. Pues aun con todos sus éxitos bajo el brazo, esos fracasos pesaron más.

#NotaMental4: a los patrones les importan mucho los éxitos, pero les importan más los fracasos.

En fin, corren a este tipo y traen a un güey de Warner Bros., al que lanzó al éxito a Harry Potter y de nueva cuenta a Batman, por citar algunos “pequeños” éxitos.*

Total que traen a mi tocayo, Alan Horn y aquí es donde se pone bonita la cosa. Estrenan “Valiente” de Pixar, otro cuento de princesas vendido como una película para toda la familia, no nada más niñas y hacen otra compra espectacular: adquieren Lucasfilm para expandir el universo Star Wars, obviamente, pensando en los chavitos.

Finalmente, hoy en Disney tienen clarísimo que no pueden aislar a los niños, que son parte importantísima de su mercado. Cuando lanzan películas como “Frozen”, no le ponen el título que debería de llevar “La Reina de las Nieves”, incluyen personajes simpáticos (Olaf) y promocionan la película con cortos de este personaje en situaciones cómicas tipo la ardilla “La Era del Hielo”.

¿Qué pasa a 5 años de que detectaron ese problema y empezaron a actuar? Actualmente Disney no ha tenido ningún fracaso fuerte, venden muchísimo, se pueden relajar con ese aspecto y ahora van por otra cosa, otro problemita, internet.

#NotaMental 5: Ataca un problema a la vez, te trae mejores resultados.

Disney se ha dado cuenta que hay un gran mercado en internet y que ellos no lo están explotando al 100%. En específico necesitan aprender a hacer contenido de menos de 5 minutos al estilo youtube. ¿Y cómo lo piensan lograr? Acaban de comprar Maker Studios, uno de los mayores networks de youtube con lo que piensan aprender cómo generar una gran cantidad de contenido para adolescentes y niños.

En fin, mucha información, pero así funciona mi cabeza. Esas son las 5 notas mentales que me llevo de los problemas de Disney. Ahora estaré, probablemente, 1 o 2 semanas obsesionado con cómo aplicarlas en mi vida.

¿Crees que esto sea aplicable a todo el mundo? ¿Se te ocurre otra #NotaMental?

 

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De esos momentos que…

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Cómo hay momentos que parecen equis cuando están sucediendo y pasados los años se convierten en tus favoritos, no?

Hace años, exactamente 13 (Oh, my God!) estudiábamos en el Tec de Monterrey, Campus Estado de México. Como éramos unos obsesionados del teatro, decidíamos no tener vacaciones para trabajar en un campamento para niños llamado Microcamp montando musicales con ellos.

Mi primer Microcamp fue horrible porque no me integré a tiempo, lo odié. Pero los siguientes fueron de las mejores experiencias que he tenido en la vida. Recuerdo cómo me divertí, cuánto me reí y quisiera volverlo a vivir muchas veces más. Fui muy afortunado porque aparte de todo lo compartí con mis mejores amigos: Juanita, Beto, Pancho, Geli, con amigos de toda la vida, con amigos del teatro, e hice mucho nuevos amigos entrañables.

Mi parte favorita de todo el campamento era grabar las canciones de los musicales. Hubo una en especial que me hace sentir sumamente orgulloso y que recuerdo como uno de los mejores momentos de la vida.

Estábamos montando una adaptación de El Mago de Oz y, en ese entonces no había un musical de gran formato del libro que pudiéramos usar para tener muchos números grupales. Terminamos haciendo una ensalada de musicales adaptados a nuestro antojo.

La rola que pongo aquí abajo se llama “Ain’t it Good?”de Children of Eden, del gran Stephen Schwartz. La historia de la grabación es lo peculiar.

Grabamos en una recámara en la que, por alguna razón, aparte de un matrimonio, habitaba un estudio de grabación. Era de Rubén Peralta, un gran amante de los musicales, quien nos dio mil oportunidades de conocer el teatro, su música y de conocerlos bien. Al frente de la dirección vocal, una de las personas que me enseñó la magia de la música: Analy. Los que la conocen saben que escuchar a esa mujer cantar es mágico. Pero trabajar con ella, montar voces con ella es aún mejor, es una experiencia “religiosa”.

Analy se iba de viaje y tenía que irse al aeropuerto en menos de 1 hora. Para los que no saben, para grabar la voz principal y los coros de esa canción se necesitarían unos 15 cantantes y quién sabe cuántas tomas. Nosotros éramos Analy, mis amigas del alma Andrea y Pamela, y yo. Ninguno de los 4 había cantado esa canción antes. Analy la montó en el musical y nosotros la habíamos escuchado en funciones, pero nunca la habíamos cantado. Aparte de todo, era una nueva letra, una que yo había adaptado para esa obra en particular. O sea, menos la conocíamos.

Y ahí empezó la magia…

Subimos a grabar. Analy grabó la voz principal en 1 toma, en una… No lo podíamos creer. Y cuando ustedes escuchen la ejecución vocal de esta mujer, tampoco van a poder creer que fue en una sola toma. Sin autotune (afinador), sin repetir detallitos, nada. Sin conocer la letra.

Analy había sacado su varita mágica y había hechizado el lugar. Después, nos roció de polvos mágicos. Sí, a los 3 chavitos, amateurs, a los que les gustaba cantar, los que no habían tomado clases. Nos dijo: vamos a grabar.

Le dimos una o dos pasadas sobre la música. No parando a montar un cachito y otro cachito, no. Corrió toda la canción sin pausas dos veces, nos montó una voz a todos y nos miró diciendo: la tienen? Asustados, los tres dijimos que sí.

Comenzaron a grabar y con mucho miedo, terminamos.

Analy: “Quedó. Vamos por la siguiente.”

¿Qué? ¿Quedó? ¿Cuál siguiente? Nos tarareó cómo era la siguiente armonía, y la pasamos una vez.

Grabando.

“Quédo. La siguiente.”

Y ya no recuerdo si hicimos una o dos más. Ahí mis amigos expertos musicales, descífrenlo. Mínimo fueron 3. Nos tardamos 15 minutos. Estábamos perplejos. No lo podíamos creer. Terminamos. Analy guardó su varita mágica y se fue al aeropuerto.

Tal vez no es una cosa espectacular, evidentemente es una grabación sencilla, pero hasta el día de hoy escucho esta canción y me trae mil emociones y recuerdos. Recuerdo la emoción de ese chavito de ver a esa mujer cantar, la emoción del chavito al ver a esa mágica mujer montar voces, la emoción del chavito al verse cantando con sus amigas y, de alguna manera, haciéndolo bien. Recuerdo la felicidad de escuchar la versión final, recuerdo el Microcamp, recuerdo el Tec, recuerdo a mis amigos, recuerdo esa hermosa época de mi vida.

Espero que, con ese poquito de historia, les sepa rica la canción.

Gracias Analy. Gracias por tu magia. Gracias por toda la música que me has regalado. Gracias Pamela y Andrea por compartir esta experiencia tan hermosa. Gracias Rubén.

¿Qué dirán de mi?

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El otro día estaba pensando que, obviamente, la gente, mis amigos, la gente que me quiere, la que no me quiere, inclusive mi familia, hablan de mi. A veces me da muchísima curiosidad qué es lo que dicen: si hablan bien, si hablan mal. ¿Me imitarán? Me han dado ganas de preguntarlo pero finalmente me gana el miedo y prefiero no hacerlo. Creo que no tiene caso, puedo salir lastimado. Ya me he enterado de algunas cosas y a veces me da gusto y otras coraje. Finalmente, la neta es que no me importa, solo me da curiosidad. Sí, soy muy chismoso. Y????

Aparte, no solo es en singular, por ejemplo, el otro día platicaba con mis amigos. Hay otro grupo de gente a los que nos referimos como “___”. ¿Esos “____” hablarán de nosotros? ¿Qué nombre nos habrán puesto? ¿Qué dicen?

Obviamente me interesa más saber de la gente que quiero o con la que más interactúo. Pero también me ha pasado empezar a llevarme mejor con alguien que al principio era un “conocido” y escucharlo decir “pensé que eras súper mamón”. ¿Qué??? ¿De dónde? (Bueno, eso creo yo, quién sabe qué opinen a mis espaldas jeje.) Aunque parezca un poco raro para los que me conocen, soy muy tímido y me cuesta trabajo relacionarme con gente nueva, quizá me notan callado o distante y por eso me ven mamón. No lo sé.

¿Te da curiosidad saber qué opinan de ti? ¿Has tenido alguna experiencia agradable/desagradable? Finalmente, ¿te importa o se te resbala? ¿Has cambiado cosas tuyas para cambiar la percepción que la gente tiene de ti?

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Ganas de hablar…

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Tengo ganas de hablar, de contar cosas. Aunque disfruto mucho escuchando y participando en las conversaciones que se dan lugar en mi cabeza, siento que de repente estaría bueno compartirlo con alguien. ¿Con quién? No sé. ¿Qué pretendo con esto? Tampoco lo sé. Solo voy a escribir, subir fotos, lo que se me antoje. Si tienes ganas de dar un paseo por mi cabeza, adelante, me dará mucho gusto que me leas y que si te nace, compartas algo conmigo.

Hoy he estado pensando algo. Vengo saliendo de mi terapia (mi terapeuta es LA onda, es rudísima pero me aterriza increíble) y ahí salió algo interesante. “Alan, te gusta sufrir”. ¿En serio? ¿Me gusta sufrir? “Sí, cada vez que tienes que decidir algo, no lo decides, sino que sufres y luego decides”. Pensándolo bien, sí, me pasa muy seguido. Me cuesta trabajo tomar decisiones, sobre todo, decisiones importantes. Pero la neta, es que la mayoría de las veces, las decisiones ya están tomadas, o las situaciones ya están establecidas. Es cuestión nada más de respirar, mirarlas de frente y caminar hacia el mejor lugar. Letty, mi terapeuta, lo hace más sencillo poniéndote un pizarrón en blanco en frente y escribiendo tus opciones en él. De repente, lo ves súper claro. Salí determinado a no volver a sufrir para tomar una decisión. Fui a dar una vuelta al parque, desayuné y de repente, me di cuenta que tenía que tomar otra decisión y no lo platiqué con Letty. Empecé a angustiarme, a desesperarme, respiré y me di un “zape” mental. Y en efecto, la decisión ya estaba tomada, el camino delineado. ¿Será que todo el mundo sufre para decidir? No sé, yo creo que hay gente que ya se liberó de ese sufrimiento y le es mucho más sencillo. Es parte de fluir, ¿no?

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